Es muy común en los perros. Se
debe tratar cuanto antes para evitar que se convierta
en crónica.
Se puede producir por espigas, u otros cuerpos, que se
introducen en el pabellón auditivo del animal y
por ácaros. Los perros de orejas caídas
tienen mayor predisposición a sufrirla.
Se manifiesta por que el perro afectado suele tener la
cabeza inclinada hacia un lado y se rasca continuamente
en la oreja enferma.
Una buena prevención consiste en revisar y mantener
los oídos del perro lo más limpios posible.