Son parásitos externos, de entre
dos y 5 milímetros de longitud, muy comunes en
los perros y en los gatos.
Se alimentan de la sangre de sus huéspedes. Se
contagian por contacto directo con animales o lugares
infectados.
Producen dermatitis que se traduce en enrojecimiento de
la piel afectada y en pérdida de pelo. Los perros
infectados se rascan con intensidad en las zonas parasitadas.
Para combatirlas se suelen utilizar collares antiparasitarios
e insecticidas en spray, loción o en polvo. Se
debe fumigar, así mismo, en los lugares donde descansa
el perro. También existen pastillas para administrar
por vía oral al perro, que evitan que las pulgas
se reproduzcan en el cuerpo del animal.
Son más comunes en los perros que viven en el campo.